ALQUITARA

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sábado, 3 de abril de 2010

NO HAY "BLUES" COMO EL DEL MISISIPI

Fuente: Elpais.com/Babelia
Diego A.Manrique


Blues. La música del Delta del Mississippi Ted Gioia
Ted Gioia
Traducción de Mariano Peyrou
Turner Publicaciones. Madrid, 2010
519 páginas. 35 euros


Como si se tratara de un palimpsesto, en gran parte del rock, el soul o el rap se detecta un fantasma borroso: el blues. El blues del Delta del Misisipi, territorio musical que no se corresponde exactamente con el delta geográfico del río. Resulta revelador que el elepé de Bob Dylan que contiene Like a rolling stone se titule Highway 61 revisited: la Ruta 61 se alarga desde Nueva Orleans hasta Canadá; pasa por Duluth, pueblo natal de Dylan, pero también por Clarksdale, capital del algodón... y del blues del Delta.

Preguntado por la notable concentración de gigantescos bluesmen en Misisipi, un belicoso John Lee Hooker explicaba que aquel era el peor Estado para los negros y que esa situación alentaba el blues. La 61 estaba entre las vías de escape utilizadas por Hooker, Muddy Waters, B. B. King, Howlin' Wolf y tantos trabajadores del campo que encontraron su redención en la música.

Metafóricamente, la autopista 61 también llevó en sentido contrario a los discípulos blancos de Robert Johnson, Son House, Skip James, Tommy Johnson, Charley Patton, etcétera. Eso incluye a estudiosos como Ted Gioia, pianista y crítico de jazz (Turner publicó en 2004 su Historia del jazz). Él, que había tocado y compuesto blues sofisticados, descubrió que "aquella música tenía diversas capas, que procedía de otro mundo; no podía aprehenderla del todo".

Su formación cultural y su carácter de converso tardío explican que su libro combine el deleite del descubrimiento personal con una metodología escéptica. Enfrentado a tantos misterios del blues, Gioia reacciona investigando (genealogía, archivos, observaciones visuales, entrevistas) antes de aplicar el oído y el sentido común. Aguanta mal las visiones románticas, como esas que identifican al bluesman con el griot o las que insisten en enaltecer el blues como un producto africano, contrabando en los barcos de esclavos, en vez de un fruto nítidamente americano.

Gioia humaniza a los mitos del blues, esbozando su personalidad más allá de lo que se intuye en sus placas de 78 revoluciones por minuto. Hablamos de seres blindados, preparados para superar estancias en penitenciarias, pobreza inimaginable, desastres varios. Pocas músicas han tenido la consistente mala suerte del blues del Misisipi: cuando ya estaba despegando, la depresión de 1929 hundió el negocio discográfico. Una fatalidad que llega hasta el sello local Fat Possum, que apostó por artistas tan crudos como R. L. Burnside y Junior Kimbrough; ambos morirían justo cuando alcanzaban el reconocimiento.



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